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LA MUJER JIRAFA

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La mujer jirafa sabe que la postura es incómoda y que cuando enderece la zona cervical, su cuello será alto y esbelto (frágil también).

Es consciente de ello, pero así, encuentra la paz; flotando por entre su pelo rojo fuerza y levitando en el éxtasis de la calma de medio "lao". La jirafa bruja se sostiene con su propio aura, el de la santidad que es el autocuidado. Ya se sabe amar. La mujer silencio se conecta con las espirales blancas, a través de su garganta herida... Muta en su mudez y mantiene inmóvil el chakra que la hizo enloquecer, para volver a romper la carne petrificada y gritar en un susurro, un millón más de "te quieros". La mujer jirafa calla y despierta en el amor.
La mujer bruja se ama.

EL AÑO QUE NEVÓ EN LA PLAYA

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Jugábamos a ser extramuros, los arrabales insólitos que la ciencia define eran de arcilla, si las miradas se fundían… aledaños insaciables colmados de palabras: todas las que permitían el cuidado y las maneras.
Nunca un invierno ardió más que aquel año que nevó en la playa.
Jugábamos a ser extrarradio, los heraldos de la paz, las sanciones corpóreas ambiguas, los solitarios encontrados, dos locos sin más.
Y el invierno cesó con el frío de la primavera, las flores se secaron y se marchitaban en mayo, cuando los campos medraban y disimulaban que nos moríamos.
La voz rebelde se quebró porque quería irse y la voz sistemática no consentía callar: gritaba y gritaba y gritaba asustando (asustada).
Y el espigón se redibuja furibundo, frente a un acantilado con olas y, cada día que miro, veo a una niña correr… esperando que llegue el verano del año en el que nevó en la playa.





NO ME IMPORTA

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Me importa poco cómo te vistas,
el color de tus ojos o
tu ideología política;
en serio,
te digo que me importa de poco
casi nada.

No tengo el más mínimo interés
en conocer a tu familia,
ni a tus amigos,
no me apetece saber quiénes son.

Ninguna de mis intenciones
tienen que ver con la posesión o
con el matrimonio,
todas mis maneras enfocan a otro lugar.

Pero,
si me parece imprescindible vivir tu mirada,
masticar tu aroma
y saberte escuchar.

Mis vuelos diarios tienen que ver
con tus sentires y tus vaivenes,
con los lugares preciosos que sueñas y
en los otros que te dejas morir.

En esa instancia está albergado mi único interés.

No te concibo fuera de mis intestinos,
pero no me preocupa en absoluto
la forma que tengas de huir;
yo no te concibo fuera…
lo demás poco me afecta.

Quiero saber qué escondes cuando callas,
extraer fluidos verbales de todos y cada uno de tus silencios;
eso si me importa.
Me interesa preguntártelo
y que quieras responder.

Tomarme un café contigo
y más tarde desapa…

AMÍGDALA

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Estaba tan impregnada de su contacto, que adornaba las cunas de mis hijos con su tartajeo inflexible.
Tan absorta en su saliva que no bebía agua para no romper su sabor                 (me estaba deshidratando).
Tan contenida en su optimismo inexistente, que la vida se me había achicharrado dentro de su horno moral.
Y , aún sabiéndolo, convivo con su olor dentro de la amígdala: imperturbable Eterno y etéreo.
Tan adentro de mí, que el artificio del vino es la excusa, para romper en la noche todas mis conexiones neuronales y no pudrirme, no estando a su lado.




¿Alguna vez sentiste apego hacia una persona, situación, recuerdo... que sabes que es tóxico para ti? ¿Qué hay de sentimiento amoroso ahí? ¿se puede llamar AMOR a algo o alguien con el que te haces daño? ¿es simplemente una distorsión del ego?
(imagen de la red)

LA FE

Me arropo con filantropía que se estanca, que se detiene en un golpe seco de tos: en este instante que puede ser la eternidad.
Disipo la fe en la magnanimidad que desaparece tras el silencio, debajo de las camas de nuestros hijos, difuminándose por entre las luces encendidas de la ciudad.
La esperanza humana se desmiembra en mí; cesa de latir tras la última partida de amor, encima de las pateras, en el escondite secreto que nos desarraiga de la tierra, en el preludio que confina el dinero.
Y siento culpa por refugiarme en la música, la que no pueden escuchar los refugiados; y noto el tambaleo, la cadencia…
Cómo en un sin vivir etéreo, disparo a bocajarro a los desterrados, a los nacidos sin más, a los que ya no sueñan.
Porque mi lamento es de occidente, lo corono aburrido y con sorna, sin valor… No me queda más camino que la guerra. No existe en vida otra solución.
Los muertos estamos vivos y, adivino; que este mirar hacia otro lado, está señalando explícitamente a nuestras próximas víctim…

EL EXPERIMENTO

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¿Fuiste alguna vez un experimento? Yo, sí. Un experimento con condiciones y contrato, con firma.
Metodología: Se habla, Se dialoga hasta la saciedad y la parte científica expone sus condiciones. Para entonces, tú ya no eres tú… eres otra distinta a ti y, en el suicidio, acatas sin rechistar todos y cada uno de los preceptos.
La ciencia escudriña, usa aromaterapiay psicoanálisis, explora las reacciones cutáneas y toma muestras de todos los fluidos corporales; a veces, siente curiosidad por la emoción y pregunta, otras, desaparece tras la exploración.
(Cuando un experimentador recoge todas sus muestras, no tiene más nada que proponer y, no le vale nada).
En el caso que yo conocí, tras el escueto estudio acerca de la mujer-serpiente, se plegaron las carpetas y:
FUE EL FINAL.
Más tarde; los efectos secundarios de la medicación son sólo del ser investigado, el pus de las heridas del bisturí también; y, las putas cicatrices en la mirada, … que son… las que más duelen.



¿Hasta qué punto es …

ABLACIÓN

¡Joder! si me llegan a contar que iba a ser emasculada, no habría hecho un “Thelma y Luise”. Jazmines y orquídeas salvajes … me caparon.
-Cuidado con el cuidado
Partir no es un verbo regular en mí. Largarse es irse, pirarse, abandonar…
Y no vendí mi juventud ni mi precio era barato, sólo concedí todos los aromas que buscabas, todo lo que tu voz taquilálica me pidió: el tacto, la telepatía, la comprensión, el sexo terapéutico.
Ahora mutilas mi clítoris, sin cuchilla y sin fuerza bruta; pero en la batalla del silencio lo repudias (mutista) y nunca una ablación supuró menos sangre y dolió tanto.

Ya no tiemblo ni olvido, perdí de ambas acciones la capacidad y hay años, que no sé soportarlo por eso, la enjundia que rezuma tu recuerdo me regala flores de invernadero, fast food y amasijos de rutina pluscuamperfecta…
No estás.
Tic, tac… dos minutos o tres años…
¡Maldición! Ya no sé odiarte otra vez. Te aseguro que hay días que lo consigo y esos cuatro segundos los disfruto, …con toda mi m…